
Version 0.2.5
>>117981
¿Qué?, Explicate mejor o aprende a expresarte correctamente por escrito, puto retrasado.
>>81452 (OP)
Si gustan que les cuente las otras infidelidades de mi esposa, ya con mi permiso, díganme, por favor.
¿Qué les parecen mis gustos?
>>78819 (OP)
Acá mi aporte, es el tema que desde que lo conocí me atrapó.
https://youtu.be/IXt63_jFoLs
Hola. Quisiera compartir con ustedes lo que mi esposa ha experimentado en los últimos meses, y cómo poco a poco he ido convenciéndola de convertirse en una puta.
Somos de la Ciudad de México. Ella tiene 36 años y yo 34. Tenemos cinco años de casados pero no tenemos hijos. Ella no trabaja. La llamaré Claudia.
La describo porque algunas partes de su cuerpo son relevantes para la historia. Claudia es de piel blanca, cabello castaño claro chino, tiene pecas en la cara que a muchos les gustan. Tiene unas tetas medianas, no sé qué copa sean, pero cada una sí me llena una mano. Si sus tetas llaman la atención con ropa, al desnudo son un encanto a la vista. Siendo de piel clara, la palidez de sus senos se ve espectacular, con unos pezones pequeños rodeados por una areola igualmente pequeña de un color café muy claro que hace que se vean casi rosas. Como no tenemos hijos, sus senos han permanecido firmes y erguidos como desde hace quince años. Aunque con el tiempo se le hicieron llantitas, lleva unos meses yendo a hacer ejercicio, lo que poco a poco le ha ayudado a desaparecer esas llantitas y que vaya recuperando su cinturita de hace quince o veinte años. Pero su principal atractivo definitivamente son sus nalgotas. Son enormes. Y al desnudo dejarían con la boca abierta a cualquiera. Son pálidas, con un lunar en el mero centro de la nalga izquierda.
Hace más o menos un año, nuestra relación se había enfriado, y yo ya estaba aburrido del matrimonio, con mucho trabajo y presiones, al punto de estar pensando seriamente en separarme de ella. Pero todo cambió un día.
Todo empezó cuando estábamos cogiendo una noche, y Claudia me preguntó si alguna vez la había engañado. Yo le dije que no, aunque ella en el fondo sabe que sí, porque me ha descubierto mensajes míos con otras mujeres, pero me valía madres mi matrimonio.
Lo que me sorprendió fue que, cuando yo le pregunté si ella alguna vez me había engañado, me dijo que sí. En lugar de enojarme, me excité más. Le pregunté que me contara más.
PRIMERA INFIDELIDAD DE MI ESPOSA
Como dije antes, nos casamos hace cinco años. Claudia me empezó a contar que, poco antes de casarnos, una vez que nos habíamos peleado, fue a ver a una de sus amigas, llamémosle Yesenia, y que con Yesenia estaba otro hombre, llamémosle Alejandro, yo diría que era más bien un señor porque estaba más grande que ellas. En ese entonces mi mujer tenía 29 años y Alejandro 40-y-tantos.
Me siguió contando que el señor Alejandro era casado pero estaba con su amiga Yesenia porque se la quería coger pero que, en cuanto vio a mi (en ese entonces) futura esposa, se olvidó de la amiga y empezó a coquetear con mi mujer. Ese mismo día se pasaron sus números de teléfono y Alejandro empezó a escribirle.
Unos días después, el señor Alejandro le escribió a Claudia para invitarla a su casa, y como en esos días fue que ella y yo nos peleamos, ella aceptó ir con él. Yo pienso que por despecho.
Claudia me siguió contando lo que hicieron en casa del señor Alejandro.
Llegaron a su casa, y se sentaron en el comedor a platicar y tomarse una cerveza. Después él se acercó a ella y la empezó a besar, ella correspondió el beso, pues sabía que a eso iba. El señor Alejandro la tomó de la mano y le dijo que subieran a la recámara, pero ella le dijo que no quería coger en ese momento porque andaba en sus días. Entonces él nada más le quitó la blusa y el brasier y empezó a sobarle y chuparle las tetas. Después la llevó al sillón de la sala, se sentaron, y ahí él se bajó el pantalón y el bóxer para revelar una enorme verga. No les miento, en palabras de mi esposa:
"Hasta el día de hoy no he visto una verga tan grande en persona."
Claudia me dijo que la verga del señor debía medir más de 20 centímetros. Creo que esa parte fue la que más me excitó, que ella siguiera sorprendida de haber tenido en frente un miembro tan impresionante.
Ya en el sillón, el señor tomó la mano de Claudia y la guió hacia su verga para que lo masturbara, mientras se seguían besando y él se agasajaba sobándole esas ricas tetas.
Así se siguieron besando y ella lo siguió masturbando, hasta que —me siguió contando Claudia— él la tomó de la nuca y la bajó hacia su verga para que se la mamara. Hasta ese momento, ella nunca había dado sexo oral, ni siquiera a mí, y eso que llevábamos casi ochos años de novios y estábamos a semanas de casarnos.
Claudia se la mamó como pudo, dice que casi ni le cabía en la boca de tan grande que estaba, así que se concentró más en pasarle la lengua por las venas del tronco y juguetear con la lengua en la punta, que para entonces ya chorreaba líquido preseminal a montones. Dice que al principio no le gustaba el sabor pero que después de unos minutos se acostumbró.
Mi entonces prometida se la estuvo mamando así unos minutos hasta que él la apartó y se puso de pie en frente de ella. El señor Alejandro recargó a Claudia sobre el respaldo del sillón, y puso sus rodillas al lado de las piernas de Claudia sobre el borde del sillón, para poder acercarle más la verga. Con una mano le empezó a agarrar una teta mientras que con la otra se siguió masturbando unos segundos hasta que vació toda su leche sobre las tetas de Claudia.
El señor Alejandro debió tener mucha leche acumulada porque Claudia me dijo que sus dos tetas quedaron casi todas cubiertas de semen.
Después de que se vino, el señor se sentó junto a ella y se siguieron besando hasta que él se paró para ir por papel para que Claudia se limpiara. Claudia tomó el rollo papel y se empezó a limpiar lo mejor que pudo. Mientras se limpiaba, el señor Alejandro le dijo que iba a subir a la recámara por unos documentos antes de irse.
Resulta que el señor Alejandro no era de aquí de la ciudad, sino de Michoacán, allá tenía a su esposa y a sus hijos, y sólo había venido acá para arreglar unos papeles y, mientras, se estaba quedando con unos sobrinos que estaban rentando esa casa para estar más cerca de la universidad.
Mientras Claudia se limpiaba el semen de sus tetas, de repente escuchó la puerta de la casa y sin avisar entraron los sobrinos del señor Alejandro junto con unos amigos, eran cinco chavos en total. Cuando entraron, Claudia estaba en el sillón con las tetas al aire, pero su blusa y su brasier se habían quedado en una silla del comedor cerca de la entrada. Así que sus sobrinos tuvieron oportunidad de ver esas ricas tetas. Claudia dice que se paró rápido y corrió por su blusa para taparse.
Los chavos —que debían tener alrededor de unos 20 años— se disculparon y preguntaron por su tío. Claudia les dijo que el señor estaba arriba en su cuarto, y los chavos se dirigieron a las escaleras, pero mientras subían por las escaleras, uno de ellos no podía dejar de tratar de verle las tetas.
Claudia agarró su ropa y se fue al baño a terminar de limpiarse y vestirse, y cuando se vio en el espejo se dio cuenta que tenía semen escurriendo en su cuello. Dice que se moría de la pena porque obviamente los chavos debieron haberse dado cuenta de lo que acababa de pasar.
Claudia ya no quiso salir del baño hasta que escuchó bajar al señor Alejandro, que la llamó para que ya se fueran. Dice que ésa fue la única vez que salió con él, porque a los pocos días el señor se regresó a Michoacán y ya no supo nada de él.
FIN DEL RELATO DE LA PRIMERA INFIDELIDAD DE MI ESPOSA
que desperdicio en las fotos se veía decente, no me quiero imaginar como se hubiese sentido si hubiese llegado a ver su nuevo aspecto. F