
Version 0.2.5
Handbook of Finance de Fabozzi
>>6759769
Idiota, yo soy con ustedes.
>>6759748
Seguro que se lo merecia por puta.
>>6759748
salsa?
>>1571612
pasta
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AQUI TA SUZIO AMEKICANO
>>6759748
Por puta.
El relato más llamativo referente a las Morocotas que me contaron pasó en la zona de San Juan, edo. Sucre. Área plagada de relatos y leyendas obscuras; a una persona de sexo masculino y edad avanzada que por desconocimiento actual de su nombre, llamaremos simplemente "Atanasio Rengel". El señor, al encontrarse en la soledad de su bahareque (picure relatada), afirmó presenciar reiteradas veces la manifestación física de un ente que le habló de un tesoro oculto en cierta zona y le estipuló unas normas determinadas que debía seguir con suma meticulosidad para acceder a los bienes.
>debía ir totalmente solo
>debía llegar al sitio pasada la media noche
>al hallar lo prometido debía realizar diferentes misas en iglesias específicas
Las exigencias no eran muchas, pero el espírito pedía seriedad a la hora de cumplirlas.
Como era de esperarse, el señor dudó al principio, obviamente por un sentido de incredulidad, y que el fenómeno podía ser atribuido a la demencia senil del que él era consciente, pero a medida que se hacían más recurrentes las visitas el hombre decidió actuar.
Al principio fue de día a la zona apuntada; pico en mano, cavó pero su esfuerzo fue futil, no hallaría nada a una hora que no fuera la señalada por el dueño del caudal. Como la idea de ir a una zona como esa, a media noche le parecía descabellada, pidió la ayuda de otras personas, quienes, dada la seriedad palpable con la que hablaba el señor Atanasio, accedieron a acompañarle al sitio, pasada la media noche. Nuevamente, pico en mano los hombres fueron a la zona, para su disgusto, no fueron capaces de hallar nada.
El señor entonces, después de mucho pensar, decidió seguir todo al pie de la letra, iría solo a media noche al sitio ordenado, de todas maneras ya se había tomado muchas molestias para abandonar su empresa. Unos cuantos días después, y con notorio afano, se dirigió solo, pico en mano, a la ubicación. En determinado momento, picotazo tras picotazo en la tierra húmeda, tocó algo sólido y un sonido metálico sonó de forma indecorosa, parecía que el suelo se abría bajo sus pies, por lo que el sujeto en completo frenesí dejó el pico y corrió a su hogar.
Habiéndose calmado un rato respués, antes del amanecer sin embargo, fue en contra de su voluntad al sitio (según dijo se sentía con nauseas y otros malestares) y con el presentimiento de que no le daría tiempo sacar todo y que podía desmayarse en cualquier momento. Tapó el hueco que había hecho para ir después, mejor preparado.
Fueron 4 días de notables problemas de salud en donde Atanasio incluso manifestó fiebre alta, no obstante, se recompuso y llegada la noche fue al sitio, pico en mano, dispuesto a acabar lo que había comenzado. Desenterró las morocotas, metió cuantas pudo en el saco que llevó, para darse la vuelta a su bahareque.
Ahora debía finiquitar la última disposición que le había hecho notar el espíritu, tenía que hacer las misas.
Cegado por la frivolidad, ignoró el último deseo del ánima, sacó una monedade su saco y fue a venderla al centro de la ciudad para recibir su dinero en efectivo. Al volver, esquivó la ruta a su casa y se gastó gran parte de lo que tenía en azar, putas, bebida y demás banalidades. Llegó a su casa dos días después solo para darse cuente de que el saco había desaparecido y con él todas las morocotas
>>6759620 (OP)